C. Mallorquí. El viajero perdido. Gran Angular.

Colección “Los libros de César”, 1. SM, Madrid, 2005.

 

 

 

Del afamado autor de La Catedral, La Mansión Dax y otros títulos premiados en certámenes de Literatura Juvenil, pero disfrutados por todas las edades (como debe ser), nos llega esta novela ambientada en nuestros días y entre los jóvenes de nuestros tiempos, pero con los ritmos vitales de la Odisea de Homero, que orientan con sus citas literales al comienzo de los capítulos los pasos de la peripecia iniciática de Félix Valbuena que emprende un viaje tras los pasos de la visión de una chica por la calle.

En esta nueva colección de Gran Angular de SM, además del relato, se nos brindan al final del libro tres secciones apetitosas para los que pensamos y admiramos al autor que leemos y que constituyen un asalto a su trastienda profesional y personal: Autobiografía no autorizada (con fotos de su álbum personal), Entrevista en profundidad sobre el oficio de escribir y sus recursos y  Compañeros de viaje con discos, películas, paisajes, libros (La Odisea, el primero) paralelos a El viajero perdido.

 

Como todas sus novelas, es imposible comenzar a leer y no parar hasta resolver todas las intrigas con las que César excita nuestra imaginación y curiosidad. No en vano es un brillante publicista y periodista que, como nos dice en la entrevista, “vende” productos e intriga por igual y logra que leamos lo de siempre con avidez, como una noticia. Sin duda él que vivió en casa el nacimiento y desenvolvimiento de un héroe como El Coyote (es hijo de su creador) es capaz de cautivarnos como Homero con su Ulises en la piel de un adolescente que vive, oportunamente adecuadas a nuestros días, las situaciones de descubrimiento del viajero de la vida que somos todos. Y esas sensaciones no tienen edad ni época; son CLÁSICAS: perennes y frescas a la vez.

Nos dice que sus dos grandes clásicos son La Odisea y El Buscón… y que nunca le obligaron a leerlas, pues de por sí con 14 años las encontró fascinantes e interesantes.

Porque eso de “libros para jóvenes” y “libros para adultos” creemos que no existe, sólo hay libros que se leen con pasión y otros que se nos caen de las manos.

Seguro que la lectura de Mallorquí nos exige la de Homero.